Inhóspito Twitter

La veracidad de un tuit

Existe una página web que permite, a modo de diversión, crear un tuit falso de cualquier perfil de Twitter. Los creadores de la misma han reproducido con exactitud el formato que tienen los tuits originales, y de ese modo es posible crear la ilusión de que un usuario ponderado de pronto ha perdido los papeles y ha publicado algo inconveniente o chocante.

Pero no hace falta recurrir a eso, porque un buen artista del PhotoShop es capaz de modificar una captura de un tuit normal y cambiarle el texto a su voluntad. Fue llamativo el caso de un tuit de Pablo Iglesias que por un descuido del que lo editó tenía más de 140 caracteres.w

Un tuit con más de 140 caracteres.
Un tuit con más de 140 caracteres.

Por cierto, merece la pena seguir este conversación y comprobar la reacción que este tuit falso despierta a través de las personas que lo contestan.

Twitter es informal

La idea original de Twitter era crear un sistema que pudiera centralizar en una página web los mensajes SMS que los desarrolladores de Odeo, una empresa de software, intercambiaban entre sí.

Era una herramienta informal para uso de compañeros de trabajo, así que la privacidad o la validación de los mensajes no parece que fueran características importantes. Sí que lo era el funcionamiento en tiempo real, algo que en general va en detrimento de la seguridad. Pero en ese aspecto de la comunicación instantánea el producto resultó ser excelente.

Twitter nació como una tecnología para la cual no había apenas utilidades preestablecidas. Era como un libro en blanco sobre la que la gente empezó a construir funcionalidades que nadie imaginó a priori. Sería largo enumerar todos los usos de Twitter, pero van de la simple expresión de un pensamiento por parte de una persona anónima, sin ninguna expectativa de ser leída por otros hasta la cuenta de una gran empresa que a través de un Community Manager mantiene un flujo de tuits para fidelizar a los clientes o mantener una imagen de marca. Y, entre esos extremos, los periodistas que avanzan scoops y los artistas que anuncian sus actuaciones y un sinfín de gente que sube fotos, opiniones y pensamientos.

Eso es Twitter — más o menos.

La ironía en temas sensibles

Yo he sido aficionado toda mi vida a la ironía. Me han gustado los juegos de palabras, los equívocos y los dobles sentidos, las frases que dicen algo y que basta escrutar la mirada para saber que en realidad dicen todo lo contrario. Pero así como en la vida real es fácil valorar si una ironía es pertinente, en Twitter es difícil saber de entrada cuándo va a funcionar y cuándo no.

En Twitter uno se siente compelido a participar en conversaciones que le interesan, aunque las personas que intervengan sean perfectas desconocidas. Esto ocurre sobre todo al principio, cuando uno está deseoso de formar parte de la gran familia de los tuiteros.

Se aprende enseguida a no participar en conversaciones que son sobre temas particulares, igual que no se intervendría en una conversación que dos personas mantienen a nuestro lado en el autobús, pero luego se aprende a reconocer esas conversaciones que podríamos denominar de barra de bar, en las cuales meter baza no parece de mala educación.

Si en esas conversaciones aportamos un tuit irónico, puede ocurrir perfectamente que alguien malinterprete nuestra intervención, y se produzca una embarazosa cadena de tuits agresivos y de disculpa por nuestra parte. En cuestiones menos polémicas, esto se resuelve con uno o dos tuits de aclaración, pero en otros casos puede desencadenarse una dinámica descontrolada que acabe muy mal.

El linchamiento en Twitter

Hace poco fue noticia el caso de Guillermo Zapata, recién elegido concejal de Madrid, al que se le han afeado unos tuits (desafortunados según unos, merecedores de una muerte cruel según otros) hasta el punto de que tuvo que renunciar al Área de Cultura que iba a presidir y pedir perdón humillándose hasta más allá de lo razonable, tratándose como se trataba de algo escrito en 2011 y amparado por el razonable anonimato del que Zapata disfrutaba en aquellos tiempos.

Pero ésta no ha sido la primera vez que esto ocurre. Uno de los linchamientos más notables que ha habido en Twitter es el de Justine Sacco, allá por 2013.

Justine Sacco fue una de las personas que sufrió esta situación de una forma nada virtual. Hizo un chiste en el aeropuerto de Londres (“Voy a África. Espero no coger el SIDA. Es broma… Soy blanca!”) y al aterrizar su tuit era conocido en todo el mundo, empezando una campaña de linchamiento que acabó con su carrera profesional de relaciones públicas.

Ahora Justine trabaja de RRPP en otra empresa, pero no ha hecho público dónde, y ni siquiera tiene cuenta en Twitter.

La lección a extraer es que se debe pensar antes de tuitear, si usas una cuenta con tu nombre. Y esto es difícil, porque a menudo uno tuitea acuciado por una compulsión incontrolable, provocada por una noticia, un tuit, una emoción personal. Además, el estatus de una persona cambia con el tiempo, y el que un día fue una persona particular e irrelevante, que podía decir lo que quisiera sin que ocurriera nada, puede llegar a ser (como Zapata) un personaje público cuya actividad sea objeto de un estricto escrutinio.

La identidad en Twitter

Twitter no es muy exigente con la identificación del usuario. De hecho le basta con un correo electrónico de contacto. El alias del usuario y el mismo nombre pueden cambiarse, ya que realmente la identificación interna es con un número.

Aunque existe un mecanismo para certificar que uno es quien dice ser, es opcional, y superfluo para muchos que precisamente lo que valoran es ese anonimato que permite expresarse sin cortapisas.

Las cuentas de Twitter no son todas iguales. Hay quien usa un nombre y una foto ficticia, ya sea porque quiere tuitear de forma anónima o porque su cuenta está enfocada a un tema específico (yo tengo una de éstas,@elquijote1605, donde estoy publicando El Quijote. Algún día hablaré aquí de esto). En el otro extremo, hay cuentas que representan a personas o instituciones, de forma que su identidad es inequívoca. La intención con la que se crea una cuenta es (o debería ser) evidente una vez que se leen unos cuantos tuits. Cuando esto no es así es que el tuitero no tiene claro este aspecto, y eso suele acabar en problemas.

Cuentas falsas o engañosas

Aparte de esto, hay algunas opciones para crear cuentas falsas que aparenten ser reales. Twitter en eso da facilidades: el tipo de letra que usa confunde fácilmente la i mayúscula (I) con la ‘ele’ minúscula (l), con lo que@Pablo_Iglesias es indistinguible de @pablo_igiesias o @PabIo_IgIesias o@PabIo_IgIesias_. Aquí hay una relación de las ocho variaciones posibles en términos de combinaciones de las letras (i/L):

Aparte de la cuenta oficial, hay tres usuarios suspendidos, seguramente denunciados por el usuario original, y luego hay dos usuarios que existen pero no contienen tuits, por lo que su función es evitar que otros impostores puedan apropiarse de esas cuentas. Y por último, están las cuentas parodia y troll, que se distinguen porque la primera hace un uso cómico de la identidad mientras que la segunda difunde contenido denigrante para la misma.

Otras formas de cuentas falsas son las que usan nombres ligeramente modificados, ya sea incluyendo caracteres de subrayado adicionales o cambiando el deletreado para provocar confusión (Clavin Klein).

Twitter como notario de la actualidad

Es algo sobre lo que reflexionar. Se está usando Twitter como un repositorio de declaraciones formales que definen de forma irrefutable a cada individuo, y esto es un error. El tener acceso a los exabruptos de una persona, que habitualmente permanecían discretamente ocultos en el espacio limitado de una sala y unos pocos testigos no es suficiente como para categorizar a esa persona en su relación con el mundo.

Todos, cuando nos toca exponernos al mundo, adoptamos un aire formal y medimos de forma especialmente intensa nuestras palabras. Sabemos que en ese ámbito nuestras palabras quedarán fijadas como si se expresaran ante notario. Y sin embargo, incluso con todas estas prevenciones, las malinterpretaciones, los desmentidos, las quejas por lo que se dedujo fuera de contexto, todo este reinado de la inexactitud florece una y otra vez, incesantemente.

Dada su naturaleza inmediata y espontánea, y dada la facilidad que ofrece para la impostura y la falsificación, Twitter debería dejar de usarse como notario de la realidad. Deberíamos descalificar inmediatamente cualquier información que se basara en tuits y volver a primar la declaración formal, de primera mano y con testigos confiables. De lo contrario, perderemos por un lado esa libertad del Speaker’s Corner que Twitter es, y por la otra cualquier atisbo de credibilidad y ponderación en nuestras informaciones.

Aunque, por otro lado, quizás lo que se persigue es precisamente eso.