Cervantes dando estopa a Avellaneda

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Queridos seguidores y amigos, ya hemos empezado el segundo volumen de El Quijote. El tuit 8095 marcó el fin del primer libro, y el principio del segundo:

//platform.twitter.com/widgets.js  Y el prólogo empieza en el tuit 8188, una vez pasados los prolegómenos legales, la fe de erratas y la aprobación y el privilegio:  

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La dedicatoria, que en el primer volumen precede al prólogo, queda ahora en segundo lugar, urgente como le resulta a Cervantes defender su obra de los comentarios insultantes sobre él que el autor de una segunda parte de El Quijote había vertido en su libro.

Cervantes demuestra una meditada contención a la hora de referirse a Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo. Por las palabras de Cervantes, parece que Avellaneda fue especialmente áspero y bravucón al referirse al autor del Quijote original, cosa que puedo entender perfectamente, ya que hoy día también se usa el trolleo para obtener relevancia social (y dónde más que en Twitter). En su papel de autor reputado y por tanto en otra dimensión de la discusión, mal que le pesase a su interlocutor, Cervantes prueba a ser un caballero y mantener trabada su ofendida dignidad de soldado, y de hecho lo consigue, al menos al principio: hay una queja doliente y digna sobre el reproche de ser viejo y manco. Me gusta mucho cómo se defiende de la acusación de vejez:

…como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo…

y más aún la defensa de su mano inútil, no viendo en ella más que un motivo de orgullo:

… como si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.

A mí me resulta entrañable el viejo soldado y su fiero orgullo que defiende sus heridas junto con las miserias a las que como soldado se ha visto abocado en su vida militar, pero que en ningún momento le hacen perder su convicción acerca de la rectitud de su actitud ante la vida:

El soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga

Y a continuación afea a Avellaneda, con suma contención, que le acuse de envidioso, y le recuerda que él admira a Lope de Vega, y que Lope de Vega también consideraba buenas sus novelas. Tras contenerse durante dos páginas, por fin Cervantes no puede aguantarse más y le reprocha a Avellaneda que se presente

… encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad.

Y usando dos pequeños cuentos, ridiculiza las pretensiones de Avellaneda de ser capaz de hacer un libro capaz de darle dinero y fama (comparándole con el loco que infla perros soplándoles por el culo) y le niega todo tipo de talento para escribir (con la otra historia del loco que se dedica a apedrear perros hasta que el dueño de uno le da una paliza). La asociación nada sutil de las figuras de perros y locos con la persona del autor del apócrifo es lo más cerca que Cervantes se pone de una agresión verbal. En estas historias usa todo su talento para el género picaresco, dejando patente la fiereza que se mantiene agazapada detrás del artificio de las letras: no quisiera yo haber estado en la piel de Avellaneda si se hubiera producido un encuentro frente a frente.

 

3 thoughts on “Cervantes dando estopa a Avellaneda”

  1. Yo estoy convencido de que el Falso Quijote es obra de Francisco De Contreras natural de Argamasilla de Alba , escritor pobre, soldado y amigo de Lope de Vega e Hidalgo

    1. De ser posible, Juan Antonio, muéstranos tus argumentos, que deben ser de gran interés. FGR, escritor y promotor cultural.

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